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¿Por qué solemos creer que todo tiempo pasado fue mejor?

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

Con frecuencia escuchamos frases como “En mis tiempos…” que hacen referencia a las bondades del tiempo pasado: que si tal o cual cosa era de mejor calidad, que si había más o menos de esto o de aquello, que si lo que sea.

Sin embargo, ¿qué pasa con el tiempo en el que nos encontramos? Por cuestiones de sentido común, es imposible que el pasado haya carecido de problemas, o que, por el contrario, el presente esté totalmente lleno de males, y no obstante, nadie trata al presente con mucha benevolencia que digamos.

La razón por la que concebimos los tiempos pasados como mejores, mientras que el presente se acepta implícitamente como malo, radicaría en parte en la forma en que nuestro cerebro ha evolucionado.

De acuerdo con los investigadores Sendhil Mullainathan, de Harvard, y Eldar Shafir, de Princeton, el cerebro humano ha evolucionado para focalizar su atención de manera prioritaria en los problemas que enfrentamos, es decir, deja de considerar muchas otras cosas y se centra en la situación a resolver; para los hombres prehistóricos esto era una gran ventaja, pues les permitía abstraerse en un solo problema (o en un pequeño conjunto de ellos) y encontrar una solución más rápidamente.

Sin embargo, en la actualidad, esta característica que facilitó la sobrevivencia humana se ha vuelto un poco problemática: la vida moderna está llena de complicaciones que van más allá de conseguir alimento o compañía, y las formas de solucionarlas son mucho más complejas que  salir a cazar un antílope o raptar a una potencial pareja sexual.

Así, hoy en día, nuestro cerebro sigue centrándose en un problema (o en todos los que le es posible) para encontrar una solución, sin embargo, los problemas en los que puede enfocarse son muchos menos que los que en realidad tenemos; es decir, nuestra capacidad de atender a las complicaciones y resolverlas se ve superada grandemente, lo que provoca que muchas veces pasemos una gran parte del tiempo abrumados por preocupaciones y dedicándole tiempo a cuestiones que tal vez no lo merecen tanto.

De este modo, concebimos el presente como malo no tanto porque haya más problemas que en el pasado, sino porque nuestro cerebro nos hace enfocarnos en ellos probablemente más de lo que deberíamos.

Por el contrario, en cuanto al pasado, al verse desde una perspectiva lejana, se le observa de forma panorámica y amplia, sin enfocar la atención sólo en las complicaciones, sino más bien haciendo una especie de balance general.

No se trata, entonces, de que el presente sea en verdad tan malo en comparación con el pasado, sino que tiene que ver en gran parte con la forma en la que nuestro cerebro ha evolucionado para resolver problemas.

Es cierto que no podemos desandar la evolución, pero para ver las cosas de manera más, digamos, luminosa, bastaría con detenernos de vez en cuando y tomar un poco de perspectiva con respecto a los problemas, para darle a cada uno la atención que se merece sin quedar agobiados; de todas maneras, en unos años, voltearemos y nos daremos cuenta de que las cosas no eran tan malas en realidad, así que más valdría darnos cuenta de eso ahora mismo.

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Daniel García Madero
Pues soy Sagitario, supongo que eso debe decirles más de lo que quieren saber.
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