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Sex and the Internet: ¿Están listos para vivir juntos?

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Mudarse juntos es un gran paso en toda relación, y como tal requiere mucha más atención de la que mucha gente suele dedicarle, pues implica un gran compromiso y, sobre todo, muchas responsabilidades.

Por eso, para que tu “felices para siempre” no termine convirtiéndose en una pesadilla, te presentamos algunos factores que debes considerar antes de llamar al camión de la mudanza.

¿Y como por qué?

Ajá, todos van a responder que porque es el siguiente paso y que si la confianza y que si están listos, y todo lo demás… Sin embargo, no siempre es así.

Es cierto que en muchas relaciones, los miembros empiezan a vivir juntos porque de verdad se sienten seguros y en confianza consigo mismos, y por supuesto cohabitar aparece como el paso siguiente y como un modo de fortalecer el vínculo.

No obstante, en ocasiones, puede que la idea de empezar a vivir juntos nazca a partir de razones equivocadas: en algunos casos, puede ser parte de una estrategia para propiciar el matrimonio por parte de uno de los miembros; en otras, la relación puede estar atravesando diversos problemas y la gente puede creer que irse a vivir juntos va a ser la solución; asimismo, hay veces en que la intención de cohabitar surge de una idea romántica e idealizada que les impide ver la realidad claramente, o peor aún puede surgir a partir de una discusión con los padres o con los room-mates.

En todos estos casos, la idea de vivir bajo el mismo techo está siendo considerada de manera parcial y sesgada, por lo que se pierden de vista las complicaciones y responsabilidades que cohabitar implica. Si se mudan juntos en estas condiciones, lo más probable es que más temprano que tarde empiecen a surgir problemas que les va a costar mucho trabajo resolver. Es como abrir un hoyo para tapar otro.

Para que esto no suceda es importante que, antes de decidir nada, hablen sinceramente sobre lo que esperan y desean de su relación, y de esta nueva etapa en específico. Si se sienten presionados, si parece que hay alguna cosa sospechosa por ahí o si hay otras opciones para resolver los problemas, lo mejor sería pensar todo de nuevo.

Todo es cuestión de compartir… y negociar

Antes de empezar a empacar y a mover cosas, es importante considerar el espacio con el que van a contar y cómo se va a utilizar.

Por ejemplo, no se trata sólo de que el que tenga más ropa se queda con todo el clóset: antes siquiera de empacar, debemos decidir qué sí y qué no nos vamos a llevar, elegir lo indispensable, para no saturar ningún espacio, porque no sólo se trata de que quepan las cosas de uno, sino que deben caber también las de la pareja y, además, las que ambos ocuparán: si seguimos con el ejemplo del clóset, esto incluiría cobijas, sábabas, toallas, colchas…

Para empezar a vivir juntos, hay que planear las cosas no sólo en función de las posesiones, sino también en función las las cosas de ambos.

Y por supuesto los objetos y el espacio no son lo más importante que van a compartir: están también las responsabilidades y las tareas del hogar.
viviendo juntosEn la actualidad, mucha gente jura y perjura que se van a repartir las tareas equitativamente, pero dicho de este modo es muy abstracto, y lo más probable es que al principio cooperen y luego terminen esperando a que el otro haga todo. Sería mucho más funcional si, desde antes, se negociaran y decidieran las tareas que piensa hacer cada uno y se comprometieran con ellas para llevarlas a cabo. Esto evitaría muchas discusiones del tipo “Te toca X, yo lo hice la vez pasada”.

¿Pero por qué tienes esa manía?

Es obvio: al mudarse bajo el mismo techo, van a compartir su vida y su amor… Pero la cosa no es así de simple: no es lo mismo ver a una persona todos los días o incluso pasar algunas noches en su casa que empezar a vivir con ella todo el tiempo.

Esto no sólo implica que verás y descubrirás cosas sobre tu pareja que tal vez te sorprendan (para bien y para mal), sino que esos pequeños detalles van a empezar a chocar con tus propios pequeños detalles.

Las diferencias en hábitos de sueño, vicios (fumar, tomar o comer), pasatiempos, el modo de acomodar las cosas, la forma de limpiar y hasta el deseo de decorar la casa son cosas que de un modo o de otro van a chocar, y van a chocar porque no se trata sólo de dos personas viviendo juntas, sino de dos formas-de-ver-la-vida cohabitando.

Por supuesto que eso no implica que se la van a pasar peleando. Todo, como suele suceder, se puede resolver negociando. Así, antes de empezar a vivir juntos, sería bueno que platicaran también sobre cómo se van a acomodar en ciertas cosas (en qué usar el tiempo libre, qué cosas van a comprar y cómo las van a distribuir, qué va a ser compartido y qué privado).

La plática previa no va a abarcar todas las situaciones posibles y futuras, por supuesto, pero les dará una buena idea de cómo negociar y resolver los problemas conforme vayan surgiendo.

El espinoso tema del dinero

El dinero es otro gran problema que engloba, a su vez, problemas más pequeños. Muchas parejas consideran incómodo hablar de esto, pero como hemos mencionado, hay cosas que, mientras más pronto se traten, mejor.

División de gastos: Como en el asunto de las tareas, en este aspecto siempre se proclama la igualdad, así, en abstracto; sin embargo, es importante determinar de manera concreta (aunque sin exagerar en la precisión y sin pelearse) cuánto dinero va a aportar cada quien y en qué se va a usar, ya que de este modo podrán administrar mejor el presupuesto con el que cuentan.

¿Ya sumaron todo?: Cuando está haciendo planes, mucha gente suele fijarse sólo en lo obvio: renta, servicios y un estimado (no siempre muy exacto) de comida. Sin embargo, a veces no consideran cosas como los productos de cuidado personal, productos de limpieza, reparaciones o aparatos y muebles que haya que comprar. Si hicieron cuentas y llegaron a la conclusión de que sí les alcanza, mejor revisen sus sumas a ver si no les hace falta agregar algo.

Tus deudas son mis deudas: Está bien que cada quien se haga responsable de sus gastos personales, pero al final todo impactará en el presupuesto de la pareja: pueden manejar las cuentas de forma separada, pero son muchas más las cosas que comparten, así que lo mejor sería que se fueran acostumbrando a volver sobre el tema del dinero con frecuencia.

Nada de andar cortos: Si ya hicieron sus cuentas, ya las revisaron y agregaron lo que faltaba, y todavía creen que “la libran”, más vale que las revisen de nuevo. Emprender una vida juntos implica ver un poco más allá hacia el futuro y anticipar —en la medida de lo posible— los problemas que pueden surgir: una avería, una enfermedad, un accidente o que alguien se quede sin trabajo. Si viven justos de dinero y no pueden ahorrar, van a pasar grandes problemas el día que algo malo suceda, y no sólo eso: van a tener problemas cuando quieran hacer algún gasto fuerte, como comprar un mueble nuevo, por ejemplo.

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Daniel García Madero

Pues soy Sagitario, supongo que eso debe decirles más de lo que quieren saber.

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