You are here
Home > Blog > Cuentos de terror: El error del prejuicio

Cuentos de terror: El error del prejuicio

mujeres

Ya hacía un rato que la ciudad no se sentía tan tranquila y ni tan animada como esta noche: apenas ayer atraparon al asesino, y ya todo el mundo está preparado para recuperar su vida nocturna.

Para haber matado a tantas mujeres, se trataba de un hombre muy joven, o al menos así se veía en los periódicos y en la televisión; sin embargo, a pesar de su corta edad, nunca nadie había dado una demostración mayor de violencia y crueldad.

En el bar donde estoy esperando a mis amigas, están transmitiendo las últimas noticias: el joven, llamado Jesús Rodríguez, era un drogadicto que vivía en la calle desde que su madre y sus hermanas lo echaron de la casa por violento. Lo aprehendieron mientras golpeaba a una mujer, a quien aseguran haber salvado de convertirse en su siguiente víctima. El proceso, como sucede a veces, fue rápido y el tipo entró a la cárcel en unas cuántas horas.

Así que esta noche, todos salen más tranquilos a la calle, especialmente las mujeres, y yo más que nadie entre todas las mujeres, porque da gusto saber que encontraron un responsable para tanto sadismo.

Mujer solaTodo comenzó hace como un mes, cuando encontraron a la primera. Su cuerpo había sido arrojado en un terreno detrás de una fábrica, le habían cortado el cuello y la habían abierto en canal… como a una res en matadero. Además, su cuerpo fue clavado en el suelo, abierto, formando una cruz. La encontraron un par de días después de muerta, así que los perros ya se la habían empezado a comer.

La noticia salió sólo en los periódicos amarillistas, que llenaron sus primeras planas con fotografías sangrientas en las que a veces no se reconocía ni siquiera la forma humana.

Hubo algunas masacres más, pero no fue sino hasta la tercera víctima que el asesino cobró relevancia. En ese caso, se trató de una jovencita de 16 años, de familia acomodada, ¿si no, cómo iban a prestar atención?

La joven había desaparecido, y no fue sino hasta el tercer día que encontraron su cuerpo; pero esa vez el asesino se había tomado muchas más molestias que sólo matar: primero, golpeó a la joven para dejarla inconsciente, y según el examen de los peritos, aún seguía viva cuando empezó a arrancarle la piel. Se la quitó de pies a cabeza, con mucho cuidado, cortando pequeñas tiras de forma meticulosa.

El cuerpo despellejado fue encontrado cerca de unas vías de tren, de ésas que hay al norte de la ciudad. La imagen era aterradora: la chica desollada estaba en el suelo, acomodada como si se encontrara descansando en un ataúd, y las tiras de piel habían sido acomodadas como si fueran flores a su alrededor.

Esta vez, pocos medios se quedaron sin la noticia. Con más o menos amarillismo todos los periódicos hablaban de los asesinatos, calificándolos de violencia de género y feminicidio, y mi familia se quedó muy impactada con la noticia, porque la víctima era hermana de una amiga nuestra.

El último caso, el más reciente, fue también el más aterrador. Ésa vez hubo dos víctimas: una madre y su hija, una niña de unos cinco o seis años; y aunque todos los medios tuvieron la nota, poquísimos se atrevieron a publicar alguna imagen en la que se viera cómo fueron encontrados los cuerpos.

muneca-colgadaLuego de dejar inconscientes a sus víctimas, el asesino tomó el cuerpo de la madre, lo desnudó, lo abrió por la mitad y le sacó todos los órganos; después, en el hueco que quedó en el torso acomodó el cuerpo de la niña, en posición fetal, y lo cosió bien para que no se moviera ni se fuera a desprender. Como toque final, colgó en un puente peatonal el cuerpo de esta madre que de nuevo cargaba a su hija en el vientre, a la vista de todos.

Las víctimas estuvieron ahí toda la madrugada y buena parte del día, hasta que alguien se atrevió a avisar a la policía, que retiró los cuerpos rápidamente.

Nadie podía comprender tanto salvajismo, aunque para alguna mente retorcida, una como la del asesino, por ejemplo, la forma en que murieron esas mujeres sin duda tenían algo de artístico.

Pero, bueno, ahora que lo atraparon, todo el mundo está más en calma, porque ya tienen a quien culpar, para ellos Jesús Rodríguez es el responsable: él, porque sólo un hombre podría hacer tanto daño a una mujer, sólo un hombre podría cargar un cuerpo hasta lo alto de un puente y colgarlo ahí; sobre todo si se trata de un hombre echado a la calle por las mujeres de su casa, a quienes seguramente odia y contra quienes se venga simbólicamente mutilando y maltratando el cuerpo de otras mujeres.

Y cegados todos por la idea de que sólo los hombres matan, estuvieron buscando un asesino varón y lo encontraron, y la verdadera responsable quedó fuera de su mirada.

Esta noche, mis amigas salen seguras de sus casas, y vienen a encontrarse conmigo en este bar, y saldremos sintiéndonos tranquilas por estar en compañía de otras mujeres, pero ninguna de ellas sabe que se encontrarán con una mujer que por diversión estaría dispuesta a arrancarles la piel, las tripas y la vida.

Derechos Bubble Pop.

Don't be shellfish...Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Pin on PinterestShare on TumblrShare on LinkedInEmail this to someone
Top