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¿Se vale excitarse con ’50 Sombras de Grey’?

¿Acaso deberá ceñirse el deseo sexual a ciertas pautas para ser adecuado?

Hablando de Grey y sus sombras, ahora todos critican las 50. Las redes sociales han mostrado la gran imaginación, espíritu lector y transgresión sexual de sus usuarios. Ahora que recién se estrenó la película 50 Sombras de Grey circulan varios artículos donde recomiendan textos eróticos que “valen la pena” y los nombres de los autores son muchos: Nin, Bataille, Masoch, Sade, Reage, Nabokov, etc., quienes produjeron “verdaderas expresiones literarias” de erotismo.

Esos artículos afirman señalar lo estrecha de buenas ideas, así como la mala calidad de 50 Sombras, mientras enaltecen otras obras. Por ello, recomiendan textos de excelente prosa: escritos con grandes implicaciones psicológicas, filosóficas, estéticas, políticas e históricas, grandes clásicos y textos no siempre leídos por quienes los recomendamos.

¿Acaso todos los que criticamos el texto de Grey lo hemos leído como para saber su contenido? ¿O nos basamos sólo en opiniones ajenas? Y si fuera el caso de que lo conocemos, ¿realmente la excitación puede o debe ceñirse a cánones? ¿Acaso la acción libidinal sólo está justificada actualmente si el deseo es despertado por las grandes narrativas o deslumbrantes ideas? ¿No es posible sentir excitación por cosas más burdas o tal vez menos refinadas? ¿No pasa cotidianamente? ¿Puede haber algo más variado y menos controlable que el deseo o tal vez deba controlarse ahora a favor de lo que despiertan las grandes obras? ¿Acaso deberá ceñirse el deseo sexual a ciertas pautas para ser adecuado?

Pareciera que algunos quienes despedazan dicha película y libro tienen muy claro que el deseo sólo puede ser deseo radical mientras las demás mediaciones no tienen sentido. De ser así, ¿no estaríamos nuevamente haciendo cánones sobre qué debe excitarnos? Si bien, esos cánones ya no apelan a la mesura reproductiva, ahora exigen que la excitación sea radical o no sea.

De ser así, entiendo que quienes criticaron ese libro y lo llamaron “porno para mamás” tienen esa actitud; sin embargo, ¿acaso molesta que haya porno para madres? Que ellas se puedan excitar, que no lo hagan con Bataille, Bukowski y Miller, que la excitación sea diferente para las madres, ¿o simplemente eso les hace imaginar a sus madres excitadas?

En efecto, hay muchas expresiones del erotismo literario y sería recomendable probar varias para afinar el gusto, sin embargo no deja de ser peligrosa esa crítica artera que fusila alguna obra por considerar que el deseo que despierta no está a la altura de otros.

Sin duda es hartante la mercadotecnia con que se presenta (que, según yo, es lo que debería criticarse en este contexto) o los clichés de la sexualidad hegemónica, pero que ello sea el ariete para denostar ciertas formas de expresión de la libido no me parece más atinado que la censura basada en piadosos códigos celestiales o en higiénicas normas morales tipo Carreño; sólo que ahora cambia el horizonte de legitimación para nuestra crítica intelectual-“trasgresora”.

[Nota aparte: si existen rasgos violentos, heteropatriarcales y patológicos en 50 Sombras, seguro podrían encontrarse aspectos semejantes en Delta de Venus, Madame Edwarda, Justine o Historia de O y deberían ser criticados al mismo nivel; ¿acaso quedan exentas esas obras porque nos las han señalado como grandes textos?]

 

Autor: Jonathan Juárez

Twitter: @criminal_art

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