La psicología detrás de ‘Los Juegos del Hambre’

Los Juegos del Hambre: Sinsajo II

En los últimos años, la saga de Los Juegos del Hambre se ha vuelto un éxito a nivel mundial, especialmente por llamar la atención de los jóvenes a través del uso del tema de la revolución y la independencia.

No obstante, el uso de estos temas, y el éxito conseguido a través de ellos, parece fundarse en una clásica teoría psicológica: el psicoanálisis freudiano.

En esta teoría, fundada por Sigmund Freud y cultivada y extendida por sus discípulos, la idea de la revolución a través del parricidio es bastante común, así como la aspiración a la libertad y, posteriormente, a la liberación.

Si bien es cierto que el psicoanálisis se originó para explicar el comportamiento individual, también se desarrolló para poder dar cuenta del comportamiento y evolución de la sociedad, y con base en este marco teórico echaremos un vistazo a la saga literaria Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins.

Aunque el análisis se centra en los libros, será posible observar la aplicación de la teoría psicoanalítica a la saga fílmica; sin embargo, hay que advertir que el presente texto contiene varios spoilers, por lo quienes no hayan visto la última entrega cinematográfica: Sinsjao II, deberán leerlo bajo su propio riesgo.

El marco freudiano

Freud en Tótem y Tabú presenta el “mito científico”, a través del cual explica el comportamiento de las sociedades primitivas.

De acuerdo con el autor, este tipo de comunidades eran dominadas por un macho tiránico (el padre), quien monopolizaba a las hembras de la tribu y obtenía satisfacción inmediata a sus necesidades.

Por su parte, el resto de los machos más jóvenes (hijos) eran sometidos y obligados a trabajar para satisfacer al padre; los hijos, entonces, debían suprimir sus deseos y retrasar el momento de obtener satisfacción.

El desequilibrio de esta sociedad habría llevado a los hijos a rebelarse contra el padre y a asesinarlo, en un intento por recuperar algo de su libertad.

No obstante, según explica Herbert Marcuse, más que terminar con la injusticia, el parricidio la internaliza: con la muerte del padre nace la culpa, y con ella cada individuo se vuelve su propio juez.

Si antes era el padre quien castigaba a los hijos que buscaban la satisfacción del placer en vez de trabajar por la tribu, ahora, con la culpa, cada individuo se encarga de hacer ese trabajo sobre sí mismo.

Así, “el rey es asesinado por la gente, no para hacerse libre, sino para que puedan poner sobre sí mismos un yugo más pesado”, concluye Otto Rank, otro de los discípulos de Freud, en El trauma del nacimiento.

Los ecos de la idea del parricidio pueden escucharse a través de la relación entre el Capitolio y los Distritos, así como en algunas de las actitudes de Katniss Everdeen ante la autoridad.

La lucha entre el Capitolio y los Distritos

Sinsajo II

En la saga de Los Juegos del Hambre, resulta evidente que el Capitolio representa al patriarca que reserva para sí los lujos y satisfacciones, mientras que los Distritos juegan el papel de los hijos, condenados a trabajar y a verse sometidos.

La posición del Capitolio, a su vez, se vio fortalecida por una rebelión, de la cual no se nos habla explícitamente pero a la que se hace referencia al mencionar “Los Días Oscuros”.

En esta revolución, los Distritos desafiaron al Capitolio, y aunque aparentemente lograron ponerlo en una posición vulnerable, éste logró sobreponerse y someter de nuevo a los Distritos. Para reafirmar su poder, además, el Capitolio inició Los Juegos del Hambre.

Es cierto que esta rebelión no refleja como tal el mito científico de Freud, en el cual los hijos derrotan al padre, sin embargo, se observa que sigue un curso parecido en el sentido de que la revolución, más que traer libertad, da lugar a un sometimiento más crudo.

La participación de Katniss en la edición 74 de los Juegos del Hambre desatará una nueva rebelión, la cual será comandada en su última etapa por el Distrito 13.

En esta ocasión, el mito freudiano se ve reflejado con mayor claridad: el Distrito 13, fortalecido por el símbolo del Sinsajo representado en Katniss, se levanta como líder de la revolución, y presta ayuda a los demás distritos disidentes.

Los esfuerzos de los rebeldes, esta vez, resultan efectivos y la derrota del Capitolio se vuelve un hecho, lo que abre el camino para que la presidenta del Distrito 13, Alma Coin, tome el poder de Panem.

Si bien es cierto que Alma Coin nunca llega a ocupar el poder, es fácil notar que ella habría sido la nueva encarnación del patriarca del mito freudiano.

En el Distrito 13, Coin ejercía un severo control sobre la población, así como sobre los refugiados que llegaban de otras comunidades; se tenía estricta vigilancia de aspectos como la comida, la vestimenta, las habitaciones y los servicios, a tal extremo que situaciones como robar un trozo de pan, compartir la comida o incluso tener una mascota constituían un delito grave.

Asimismo, existía un sistema de control muy preciso sobre los recursos humanos: cada habitante recibía instrucciones sobre las actividades que debía realizar durante el día, así como los horarios en los que debía llevarlas a cabo, por lo que los habitantes no contaban con tiempo libre como tal.

A tal grado es Coin el reflejo de la actitud del Capitolio que propone la realización de unos últimos Juegos del Hambre, esta vez con jóvenes de la población capitolina.

La carrera política de Coin en Panem se ve interrumpida antes de iniciar cuando muere a manos de Katniss en la ceremonia en que sería investida con el poder. La muerte de esta nueva figura represora abre una nueva vía a la gente de Panem y de los Distritos para buscar la libertad y la emancipación, esta vez, por una nueva vía alejada de las revoluciones.

La vía hacia la liberación

Sinsajo II

Para Marcuse, la libertad se define a través de una relación negativa, en la que el individuo necesita reafirmarse a costa de los otros, a quienes percibe como una negación o un obstáculo.

En palabras del pensador alemán: “el individuo tiene que sostenerse y afirmarse constantemente a sí mismo para ser real, está colocado frente al mundo como su ‘negación’, como negándole la libertad, así que sólo puede existir arriesgando y ganando incesantemente su existencia frente a algo o alguien que se la disputa” (Eros y Civilización, 111).

Este tipo de relación se observa constantemente a lo largo de la saga de Los Juegos del Hambre, especialmente en el comportamiento de Katniss y Gale, para quienes las autoridades constituyen un límite que es necesario franquear para seguir viviendo.

La lucha de Katniss por mantener su libertad y su individualidad a costa de las autoridades resulta más evidente durante su participación en los Juegos —creados para someter a la población―.

El episodio de la muerte de Rue, en el que Katniss rinde homenaje a la tributo caída y envía un emblemático saludo a la población del Distrito 11, constituye una muestra de ello. Este acto, a tal grado desafiante e individualizador (porque rompe el comportamiento que el Capitolio espera de un tributo: sentirse feliz de la muerte de los otros), es lo que termina por hacer de Katniss un símbolo de rebelión: el Sinsajo.

Claro que la rebelión no se realiza impunemente: ante este tipo de actos de “insubordinación”, no se puede esperar sino que el otro reafirme su actitud negativa, en una búsqueda por fortalecer su propia individualidad. La persecución de la libertad se vuelve entonces una lucha sin fin.

Para Katniss esto implica vivir en una ansiedad constante, temiendo siempre por su seguridad y, más aún, por la seguridad de las personas a las que ama.

Aunque la lucha por la libertad se percibe siempre como necesaria, una vida basada en enfrentamientos y disputas no se antoja disfrutable, y de hecho Katniss decide renunciar a la lucha constante, aunque sin renunciar a su individualidad.

Tras la muerte de la presidenta Coin a manos de Katniss y los cambios políticos que se llevan a cabo en Panem (la creación de un gobierno democrático entre los Distritos), Katniss se retira a vivir en la Aldea de los Vencedores del renovado Distrito 12.

Es sólo a través de este retiro y de la renuncia a la lucha que Katniss puede alcanzar finalmente la verdadera libertad.

“La verdadera forma de la libertad es, no la incesante actividad conquistadora, sino su llegada al descanso en el transparente conocimiento y gratificación del ser” (Eros y Civilización, 112).

Tras la muerte de Coin, derrota última del ‘patriarca’, se pierde la percepción negativa del otro: en vez de verlo como un obstáculo, se percibe más bien como un igual, en condiciones de reconocimiento y reciprocidad.

Estas nuevas condiciones sirven de fundamento a la creación del nuevo gobierno de Panem, así como la nueva etapa de la relación entre Peeta y Katniss, en la que ya no están juntos por culpa o deber, sino por una decisión libre.

Es cierto que la lucha previa, que busca la afirmación individual, es importante y muchas veces necesaria, pero es importante reconocer que no es posible mantenerse a la defensiva siempre, y que, en algún punto, uno debe renunciar al enfrentamiento con el otro para reconocer en él a un igual.

En este sentido puede verse la diferencia entre el comportamiento de Gale y Katniss: el primero manifiesta un deseo de lucha constante, causado por el rencor que siente hacia los otros por los abusos cometidos en el pasado. Katniss, por su parte, desea simplemente poder ser libre en paz.