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A propósito del comercial de Barbie con un niño

Hace un par de días, un comercial de Barbie causó gran impacto porque, por primera vez, se podía ver a un niño en el anuncio, diciendo: “Moschino Barbie es tan feroz”. Un niño, ¿se imaginan?

La sociedad parece estar dando una vuelta a todo lo que hemos aprendido en las últimas décadas. Tal vez no en México aún, pero me puedo imaginar cuántos niños podrán sentir una especie de alivio al verse identificados con este anuncio. Cuántos padres regalarán en Navidad una muñeca a sus hijos varones, sin temores injustificados o prejuicios de antaño. Cuánto cambiará la identidad de género por una simple imagen, que hasta ahora era impensable.

Yo, como muchos niños, disfrutaba jugar con muñecas. Desde luego, lo hacía a escondidas de mis padres, con mis primas más pequeñas o con algunas amigas de la escuela, que no tenían empacho en dejarme participar en sus ficciones. Nada tenía que ver con la homosexualidad. Era algo perfectamente natural para mí, que me sentía atraído por la vestimenta de las estilizadas muñecas y por la infinita posibilidad que representaba ser quien quisieras ser.

Moschino Barbie

Tal vez este gusto prohibido fue de las primeras experiencias fuertes y contundentes que tuve en mi vida. Si en ese entonces hubiera existido un anuncio publicitario donde un niño juega con una Barbie de colección, probablemente habría cambiado un aspecto fundamental en la construcción de mis habilidades sociales. Porque uno de los problemas que encuentra un niño al que le gusta jugar con muñecas es el sentido de pertenencia.

La socialización de un niño es importante para su desarrollo futuro, y aunque un niño que juega con muñecas podría no tener problema con jugar también futbol, béisbol o carreras de carritos, en todos estos lugares sí habría problema con un niño que juega con muñecas. Si en lugar de rechazar a un niño por la forma en la que prefiere divertirse, se le aceptara de forma natural, podría existir en un futuro un sentido comunitario mucho más arraigado. Podrían desarrollarse desde temprana edad, incluso, talentos y habilidades, en lugar de frustraciones.

Hay algo que debe quedar claro: los niños que juegan con muñecas no necesariamente tienen una preferencia sexual homosexual, ni todos los niños gays disfrutan jugar con muñecas, pero el limitar las expresiones individuales de género tendrá, eventualmente, consecuencias sociales.

Una muñeca no es algo tan abierto como permitir que los niños usen falda en las escuelas de Puerto Rico (algo que también se aplaude), pero es la primera piedra derribada de la muralla de incontables opresiones.

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Synthtopus
Tuve que quemar mis naves, porque ya venían muchas ratas.
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