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El Libro de la Selva: Kipling, Disney y la evolución de la modernidad

El Libro de la Selva

Recientemente Disney estrenó una nueva adaptación de El Libro de la Selva de Rudyard Kipling, la cual se compone de una combinación de live action y animación.

La adaptación corrió a cargo de Justin Marks, y fue dirigida por Jon Favreau (quien dirigió también películas como Chef y las primeras dos entregas de Iron Man). La película, además cuenta con un gran reparto, que incluye a Bill Murray, como la voz de Baloo, Ben Kingsley, como Bagheera, Scarlett Johansson como Kaa y Lupita Nyong’o como Raksha.

No es sorprendente que esta nueva versión de El Libro de la Selva (igual que la anterior de 1960) se aparte en varios aspectos de la historia original de Kipling, publicada por primera vez hace más de 100 años en 1894, no obstante, más allá de las diferencias en la historia es interesante notar la manera en la que ambos “libros” muestran diversas versiones de la sociedad en la modernidad.

MODERNIDAD SÓLIDA Y LÍQUIDA

En términos generales, la modernidad se puede caracterizar por la tendencia al predominio de la razón en todas las áreas de la vida; por el progreso, la creatividad y la innovación, así como por un constante deseo de “ir hacia adelante”, en palabras de Zygmunt Bauman: “ser moderno vino a significar, como significa hoy en día, ser incapaz de detenerse y menos aún capaz de estar quieto”.

No obstante, como explica el sociólogo polaco en su libro Modernidad Líquida, la modernidad no ha permanecido idéntica a sí misma, sino que, siguiendo la vena del deseo de cambio y progreso, ha evolucionado.

Así, podrían distinguirse dos tipos de modernidad, las cuales, aunque comparten rasgos en común, poseen características específicas.

Por un lado estaría la modernidad “sólida”, la modernidad de principios del siglo XX, caracterizada no sólo por la racionalidad y el deseo de progreso, sino específicamente por la ideas de orden y regulación.

En esta época, representada icónicamente por las líneas de ensamblaje de Henry Ford (fordismo), el pensamiento industrial era el dominante: la idea de progreso industrial establecía que existía un orden racional, un procedimiento y una regulación que debían ser seguidos, y no sólo en el ámbito de la producción, sino en todos los aspectos sociales.

Así como existía un “capataz” en la empresa, se concebía la existencia de una “Autoridad Suprema” en la sociedad, la cual estaba encargada de determinar qué estaba bien y qué estaba mal, qué era adecuado y qué no lo era; de uniformar a la gente, darle instrucciones y ponerla a trabajar.

De acuerdo con Bauman, “en ese mundo todo tiene un propósito, aun cuando no esté claro […] cuál es. En ese mundo no hay espacio para actos inútiles o sin propósito”; así, todo acto termina siendo encaminado a la producción, así como a la perpetuación del orden tal como es.

Esta etapa de la modernidad generó temores, por supuesto, especialmente el miedo de la pérdida de la libertad y la expresión individuales, el cual fue claramente expresado en la obra 1984 de George Orwell.

El temor ante la tendencia homogeneizadora y totalizante de la sociedad moderna “sólida” provocó que surgieran críticas en defensa de la autonomía humana, la libertad y la autoafirmación, así como el derecho a poder ser diferente.

Las críticas surtieron efecto, y como resultado, hacia el XXI, hizo su aparición una nueva etapa de la modernidad: la modernidad “líquida”, conocida a menudo también como posmodernidad.

Esta nueva etapa de la modernidad se diferencia principalmente por la erosión que sufren las instituciones y valores “sólidos”: por una parte, se niega la aceptación y la imposición de valores, ideas o estándares totalizantes y homogeneizadores, y por otra, se da mayor peso al individuo como tal, así como a los aspectos que lo diferencian y distinguen de los demás.

Ahora ya no hay una institución reguladora que señale qué está bien y qué está mal, o qué es lo que hay que hacer; ahora, ante los individuos se abre un abanico indeterminado de posibilidades, y se le invita a escoger según su mejor parecer.

Al individuo “le corresponde descubrir qué es capaz de hacer, ampliar esa capacidad al máximo y elegir los fines a los cuales aplicar esa capacidad -o sea, aquellos que le produzcan mayor satisfacción”, explica Bauman. Dadas estas circunstancias, por supuesto, el individuo se vuelve responsable de su propio destino.

KIPLING: LA LEY DE LA SELVA

Ilustración - El LIiro de la Selva

Rudyard Kipling publicó el Libro de la selva y el Segundo libro de la selva en 1894 y 1895 respectivamente; ambos libros se componen de colecciones de relatos cuyos protagonistas son principalmente animales con rasgos antropomórficos.

Los relatos principales son los que conciernen a Mowgli, un “cachorro de hombre” rescatado por una manada de lobos en la selva de Seeonee, y son justo estos los que inspiran la película El libro de la selva (2016).

En la versión de Kipling, el Pueblo de la Selva, comprendido por todas las especies (excepto los Bandar-Log), se gobierna por la Ley de la Selva, la cual dicta cuál debe ser el comportamiento de las especies tanto entre sí mismas como con respecto al hombre, el extranjero de la selva.

Baloo, el oso, es el principal maestro de la Ley de la Selva, y se encarga de enseñarla a los miembros más jóvenes de la manada, incluido Mowgli, el nuevo cachorro de la manada de lobos.

En varios puntos se establece que Mowgli, aunque no pertenece a la selva por su condición de hombre, es hermano de las especies de la selva; esto gracias a que conoce y obedece la Ley que rige a este pueblo.

En contrapunto con Mowgli, se encuentra Shere Khan, quien, a pesar de haber nacido en la selva, es considerado como ajeno a ella, precisamente porque, en su egoísmo, falta a la Ley. De hecho, serán sus faltas a la Ley de la Selva y su perturbación al Pueblo Libre las que le harán ganar la muerte.

En un caso más extremo, se encontraría el del pueblo de los Bandar-Log, que es completamente despreciado por los habitantes de la selva, ya que vive sin ley alguna. Los Bandar-Log serían la antítesis del Pueblo de la Selva: una comunidad completamente desordenada e irrespetuosa que vive en el caos debido a que cada individuo hace lo que le viene en gana, según su parecer, sin que exista un regla que les indique cómo deben comportarse.

“No tienen ninguna Ley, ni Llamada de Caza, ni líderes… Nada excepto palabras necias y manitas de ladrón”, explica Mowgli en uno de los cuentos.

Así, la Ley de la Selva, que no es sino un reflejo de la ley social, específicamente de la ley del imperio británico impuesta sobre la colonia india, no es sólo necesaria sino incluso deseable: por una parte, ayuda a determinar el comportamiento que han de tener las especies entre ellas, lo cual permite que exista un orden dentro del Pueblo de la Selva, así como una base sobre la cual impartir justicia; por otra, la estabilidad de la Ley permite definir identidades: quien la obedece es aliado, mientras que quien la viola es enemigo.

La muerte de Shere Khan o el desprecio por el pueblo de los Bandar-Log muestra las nocivas consecuencias a las que lleva la violación de la ley, así como la falta de ella.

La visión que manifiesta Kipling de la sociedad a través del Libro de la Selva, entonces, podría inscribirse en la modernidad “sólida”, debido a su aprecio por el orden, la institucionalización de la ley y la necesidad de que cada individuo se comprometa, al obedecer la norma, a perpetuar el orden establecido.

DISNEY: LEARN TO BE HUMAN TOO

El Libro de la Selva 2016

Poco más de 100 años después de Kipling, El libro de la selva de Disney (2016) presenta una perspectiva bastante diferente sobre las leyes y el orden.

En esta versión no es Baloo, sino Bagheera quien instruye a Mowgli, así como a los lobos más jóvenes, y la restricción principal que se le hace al “cachorro de hombre” es “un lobo no haría eso”.

La norma enunciada por Bagheera queda restringida a un tipo de buen comportamiento: si vives con los lobos, sé como los lobos. No se trata de una Ley, ya que no es aplicable a todas las especies, ni busca establecer un equilibrio entre los habitantes del Pueblo de la Selva. Se trata más bien de una advertencia a nivel individual.

En cuanto a la Ley de la Selva como tal, se enuncian algunos fragmentos en diversas partes de la película, como la prohibición a llevar hombres a la selva debido a la destrucción que suelen traer consigo, o las restricciones que existen en lo relativo a la Tregua del agua.

No obstante, esta versión de la Ley, más que establecer una base firme para todo el Pueblo de la Selva, parece limitarse a marcar las normas mínimas de convivencia, como las que se dictan para comer en una cena elegante: señalan cuál debe ser el buen comportamiento, pero no hacen nada más por mantener la estabilidad, la confianza y la justicia entre los comensales.

Por su parte, el nuevo papel de Baloo es significativo: de maestro de la selva, pasa a convertirse en un oso bonachón preocupado por el beneficio y el placer individuales, alguien que no se preocupa por los intereses ni problemas ajenos. Buscando lo más vital y olvidándose de la preocupación.

En esta línea, Baloo, sin embargo, enseña a Mowgli una importante lección para esta nueva versión: lo llama utilizar los recursos que lo definen como hombre y lo diferencian del resto de los animales, es decir, a echar mano de su ingenio y su creatividad.

Asimismo, Bagheera, quien había fungido como instructor, estableciendo qué sí y qué no haría un lobo, termina por aceptar la condición de no-lobo de Mowgli, es decir, en vez de ordenarle reprimir aquello que lo hace diferente, lo invita a sacar provecho de esa diferencia y de esas características individuales que lo hacen único.

Al final, es justo el carácter único de Mowgli lo que le permite vencer a Shere Khan.

Ahora bien, en esta nueva versión de la historia el pueblo de los Bandar-Log no pierde su carácter negativo, aunque la negatividad proviene de un aspecto totalmente opuesto: en el filme de 2016, los Bandar-Log sí cuentan con un orden, comandado por el rey Louie, y no sólo eso: el rey mono parece estar obsesionado con el poder, al pedir a Mowgli que le proporcione la Flor Roja (el fuego):

Más alto ya no he de subir
y esto me hace sufrir […]

Y dame el secreto, cachorro, dime
cómo debo hacer.
Dominar quiero el rojo fuego
para tener poder.

Así, en la versión fílmica, Mowgli es invitado a diferenciarse del resto de las especies, a ser especial e individual, a romper las normas de la selva en tanto que no se pueden aplicar a él por ser de una especie única. En suma, se le empuja a aprender a ser él mismo.

El orden, por otra parte, adquiere un aspecto negativo en el pueblo de los Bandar-Log y su ambicioso rey: la autoridad no se presenta como un instrumento para asegurar la justicia (como lo veía Kipling), sino como una imposición del poderoso para controlar al resto.

***

Se observa cómo es posible asimilar la perspectiva de Kipling a la modernidad “sólida”, en la que gobierna el orden, al cual deben apegarse todos los individuos, y que gracias a ese orden se obtiene no sólo una convivencia pacífica, sino también una base para la administración de justicia.

El orden puede parecer arbitrario e incluso desconcertante (por no conocer sus orígenes ni propósitos), pero brinda seguridad a los individuos para definir su identidad y determinar su comportamiento, así como para identificar a los otros y saber cómo relacionarse con ellos.

La ausencia de orden, puesta de manifiesto en los Bandar-Log, es vista como el caos absoluto del cual, socialmente, no se puede esperar nada ni permite prosperar.

En cuanto al filme, este puede asimilarse a la versión “líquida” de la modernidad: Mowgli es empujado a ir más allá de las normas sociales (“lo que haría o no un lobo”), a crearse una identidad propia y a crear unas reglas propias que se adapten a él, en su condición de ser único (“lo que haría o no un humano, y no sólo un humano, sino un humano que ha sido criado en la selva”).

La condición particular y distintiva de Mowgli, sin embargo, tendría como resultado que el “cachorro de hombre” no podría pertenecer a ninguna comunidad dentro ni fuera de la selva.

Ahora bien, desde la perspectiva de la película el orden y la ley sirven casi exclusivamente para regular las relaciones, sin tratar de definir o influir más allá en cada individuo.

Por su parte, el orden excesivo, especialmente si va acompañado de poder, resulta nocivo, como se observa en la descripción de los Bandar-Log, pueblo en el que los súbditos no tienen ninguna voz ni poder de decisión propio. (Resulta significativo, en este punto, que sólo el rey tiene uso del lenguaje).

No se pretende mostrar que una etapa de la modernidad (sólida o líquida) sea mejor que la otra, en todo caso ambas tendrían sus ventajas y desventajas. El objetivo del texto es simplemente mostrar cómo, a través de los años, las perspectivas sobre la modernidad pueden observarse a través de diversos productos culturales, los cuales nos llevan a adaptarnos y a encontrar como adecuadas (e incluso naturales) las condiciones en las que nos desarrollamos: en el caso actual, aquellas en las que se prima la individualidad, la búsqueda y creación de la propia identidad, y el desprecio por la imposición del orden a través del poder.

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