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Dolores del Río, belleza eterna de México

Recordamos en su natalicio a la inspiración de Diego Rivera, Orson Welles e incluso Marlene Dietrich.

dolores del rio

Por Hernán Morales.

Su elegante presencia y apariencia exquisita conquistaron al Hollywood de oro, y a pesar del peligro de su vigencia en el cine, regresó a su país para consagrarse como una de las máximas estrellas del celuloide mexicano. Es Dolores del Río, la belleza que enamoró a Norteamérica, y cuyo nacimiento recordamos este tres de agosto.

Además de su faceta como actriz, la duranguense destacó como filántropa y benefactora de las artes. Un ejemplo de lo anterior fue su apoyo a la creación del Festival Cervantino de Guanajuato, del cual fue su primera presidenta.

Las buenas conexiones

Dolores_del_RíoPrecursora del boom latino en la industria de Hollywood, Dolores Asúnsolo y López Negrete nació en la ciudad de Durango en 1903. Tuvo la suerte de nacer en una familia adinerada y porfirista.

La lealtad de sus padres a Porfirio Díaz hizo que la pequeña Dolores huyera del terruño, muchas veces disfrazada para no sufrir daño de los rebeldes. Quién iba a pensar que años después, esa niña fugitiva interpretaría a mujeres involucradas en la Revolución.

Asimismo, el parentesco con Francisco I. Madero salvó a la futura actriz y a su madre de un destino desastroso.

Durante años, Dolores vivió en la Ciudad de México, en donde forjó sus habilidades para la danza.

Al cumplir 17 años, contrajo nupcias con el empresario Jaime Martínez del Río, cuyo apellido tomaría al alcanzar el éxito. Sin embargo, la fortuna económica no brilló para el joven matrimonio.

Lo que la impulsó a la fama fueron sus vínculos con personalidades de las artes: el productor de cine Edwin Carewe la descubrió en una fiesta del artista Adolfo Best Maugard, en la que también se encontraba el escritor Salvador Novo.

Dolores aceptó ir a Hollywood, aunque esto significara una afrenta contra las buenas costumbres de la alta sociedad mexicana, ya que la “artistiada” era para personas de poca clase. No obstante, con el riesgo de perderlo todo, incluso su posición social, se estableció en California junto con su esposo y su madre.

La femme fatale mexicana

Dolores del RioSi bien sus inicios fueron irregulares, Carewe deseaba que su musa mexicana se convirtiera en la versión femenina de Rodolfo Valentino, el galán arrasador de la taquilla muda.

Pero no fue sino hasta 1928, cuando Dolores del Río obtuvo su primer éxito con la cinta Ramona, la cual protagoniza y de la que incluso canta el tema, con gran éxito en las radios estadounidenses. Después vendrían otros aciertos en cintas mudas y sonoras, entre las que destacan Evangeline (1929), The Bad One (1930), Bird of Paradise (1931) y Flying down to Rio (1933), en la que aparece junto a Fred Astaire y Ginger Rogers.

Su belleza latina enamoró a los fotógrafos, y la imagen de Dolores era común en las revistas de moda y entretenimiento. Además de que su figura se amoldaba a los nuevos estilos en boga como el art-déco. También varios hombres importantes de la industria cayeron a sus pies como Orson Welles, William Randolph Hearst y Cedric Gibbons, el cual se convertiría en segundo marido.

La “roja” regresa a México

Dolores del Río fue víctima de la caza de comunistas en Hollywood: se le acusó de apoyar la causa socialista cuando acudió al estreno de la cinta-documental ¡Que viva México!, del soviético Sergei Eisentein. Esto, aunado a un declive actoral, y al hecho de que nuevas estrellas empezaron a ocupar su lugar en las pantallas, entre ellas Marlene Dietrich y Greta Garbo.

Al iniciar la década de los cuarenta, en medio de la guerra y con una pobre producción en Hollywood, Dolores regresa a su país, donde un joven director, Emilio “El Indio” Fernández, a quien conoció como bailarín en Los Ángeles, le daría los papeles que la consagraron en México y América Latina.

Flor Silvestre y María Candelaria, ambas de 1943, le dieron una proyección a nivel internacional, especialmente la segunda cinta, que llegó a exhibirse en Europa. Debido al amor que le profesaba “El Indio”, se encargó de hacer lucir a su musa con la ayuda del gran cinefotógrafo Gabriel Figueroa.

En esa época, Dolores también estelarizó Las Abandonadas y Bugambilia (1944), cinta dramática ambientada en el Guanajuato del siglo XIX y en el que uso los vestuarios más costosos para una cinta mexicana.

Pese a su edad, la actriz realizó papeles de jovencitas, y tuvo como pareja al galán de entonces, Pedro Armendáriz. Conforme transcurría la década, Dolores del Río tomó papeles de mujeres maduras en filmes como La otra, El Fugitivo, La Malquerida, Doña Perfecta, El niño y la niebla y La Cucaracha.

Maria Candelaria

Sus últimos años en el arte

Para las décadas de los sesenta y setenta, Dolores encontró un lugar en el teatro como actriz y productora. Además realizó diversas acciones altruistas como la creación de guarderías para el Sindicato de Actores y la creación del Festival Internacional Cervantino.

Su participación en el cine se redujo, sin embargo, apareció en cintas al lado de posteriores leyendas como Elvis Presley, en Flaming Star (1960), o Sophia Loren y Omar Shariff, en la cinta italiana C’era una volta (1967).

Dolores del Río murió en 1983 y desde hace un par de años, sus restos descansan en la Rotonda de los Mexicanos Ilustres, dentro del Panteón Dolores de la Ciudad de México.

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