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Reseña de Witness, de Katy Perry

Witness es un álbum de altas y bajas, pero bastante completo y ligeramente por encima de otros discos actuales. Katy Perry entró en una fase experimental, sin alejarse de los colaboradores que pudieran asegurarle el éxito previo, como el productor Max Martin y la compositora Sarah Hudson.

En este disco se nota la influencia de la música de los 90, como La Bouche y Corona, pero también de ritmos más ochenteros, como el de Eurythmics. Eso sí, el toque de pop moderno les da a las canciones un aire más fresco.

La cantante Sia coescribió dos de los temas, Chained to the rhythm y Hey Hey Hey; y aunque la primera sirvió como la presentación del álbum, ninguna de las dos canciones brilla realmente.

Por momentos, algunos de los tracks parecen una continuación de Prism, lo que baja un poco la novedad del disco. Incluso, habrá veces en las que vendrá a la mente un leve recuerdo de Dangerous Woman, de Ariana Grande.

Swish Swish es, probablemente, el mejor de los sencillos. Su pegajoso beat y la controversia que lo acompañó fueron una fórmula difícil de ignorar, aunque la elegancia de Bon Appétit tampoco le pide nada.

Las esenciales del disco son: Witness, Swish Swish, Déjà Vu, Mind Maze y Bon Appétit.

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